viernes 20 de noviembre de 2009

Retrato de José Antonio

Pancho Cossío, 1943, Museo Municipal de Bellas Artes, Santander.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Invitación

Acto por el Día de la Soberanía en homenaje a Santiago de Liniers cuya casa será rescatada para el Patrimonio Nacional.

En la ocasión hablará e Capitán Tarapow quién salvó al Rompehielos Irizar cuando se incendiaba en altamar.

Viernes 20 de noviembre a las 17:00 hs.

Av.Corrientes 400 esq.Reconquista frente al Monumento a Liniers

Agrupación “Patria y Liniers”.

lunes 16 de noviembre de 2009

Charles Maurras

Charles Maurras, el más grande pensador político del siglo XX, falleció el 16 de noviembre de 1952, en momentos en que el canónigo Cormier, atendiendo a su pedido, le administraba los Santos Sacramentos. Para la peor historia democrática quedaban atrás dos mil setecientos cuarenta y nueve días de prisión decretados en 1945 por el tribunal integrado por “jueces” que no buscaban la objetividad sino la humillación de aquel Grande al que odiaban como encarnación de la inteligencia de Francia. Al iniciarse la parodia de justicia en 1944, el Maestro señaló a los sicarios: “Señores, yo estoy en regla con la Verdad. Vengan ahora los facciosos y los falsos testigos”. Así fue, porque en medio de la ignominia, Paul Claudel se ofreció para un falso testimonio.

La condena a prisión perpetua mostró desnuda la cobardía que les impidió enviarlo ante el pelotón de fusilamiento […] Al entrar en la prisión de Calivaux comentó tristemente: "Es la revancha del affaire Dreyfus”. Se refería al escándalo que fue parte de la agitación radical anticatólica y antimilitar la que lo vio, pluma en ristre, integrando el bando nacional y enfrentando a los metecos y tripuntes.

Eran sus años mozos, pues había nacido el 20 de abril de 1868 en Martigues, cuando se aproximaba el ocaso de Napoleón III con la derrota de Sedan. Una creciente sordera alejó su deseo de ser oficial de la Marina. Se refugió entonces en el arte y la literatura, cautivándolo Homero, Esquilo y Sófocles. En el estudio del pensamiento griego encontró que aquel pueblo supo desentrañar “el orden de las cosas”.

“La literatura me ha llevado a la política”, dijo cierta vez. Es evidente que allí nació su pasión por la defensa de la belleza. Ésta, para Maurras, no era indestructible y sólo podía perdurar cuando “los bárbaros de las profundidades” no se dirigieran contra ella.

En los finales del siglo XIX se incorporó al tradicionalismo monárquico. Había visto el peligro que la masónica república estaba haciendo, corroyendo a la Patria con los escándalos y corrupciones que agitaban la vida económica y política. Así los negociados de la oligarquía partidocrática, uno de los cuales fue la “estafa de Panamá”, otro el “caso Dreyfus”, que atacando a la Iglesia y al Ejército llevó a Francia borde de la guerra interna.

La fundación de la “Liga de los Patriotas” inició la respuesta, seguida en junio de 1899, con la entrada en la liza de la “Acción Francesa”. Se lo intentó herir llamándolo nostálgico. A ello replicó: “Cuando un enfermo recuerda los tiempos en que se encontraba bien, no suspira por el pasado sino por la salud”. Maurras habló siempre de una monarquía antiparlamentaria, orgánica y descentralizada, heredera de los reyes que “en mil años hicieron a Francia”.

En la tradición está la clave del pensamiento del Maestro de Provenza. El estudio de Aristóteles, con Santo Tomás de Aquino y los principios de derecho público cristiano, le permitieron superar el recetario ideológico presente en la fatuidad demoníaca de los liberales, jacobinos y marxistas. Tuvo claro que el Origen Sagrado del Poder Real fue lo que dio continuidad a las instituciones al enraizar secularmente las libertades y afirmando por tanto su inalterabilidad. Con esta línea de pensamiento enfrentó totalmente los principios de la Subversión de 1789. De aquí que la democracia igualitarista fuera, para el gran pensador, no sólo infructífera, sino mortal. Sin vacilar afirmó: “la democracia es el mal, la democracia es la muerte… la democracia reverencia ocultamente a la anarquía que es su expresión más abierta, más audaz y más pura…” “… en las premisas de Montesquieu se encierra como herencia Kropotkin”.

Tal fue la clave de sus mejores páginas, donde probó que las formas políticas como el liberalismo, la democracia, el socialismo, el comunismo, y el anarquismo son hijas putativas del individualismo inmanentista.

Advirtió que el Enemigo se presenta como unidad en el desorden de la revolución, a la que calificó como “bárbara” y “antirromana”. El estudio de sus consecuencias hacia el nihilismo le mostró los orígenes liberales.

La pasión por Francia condujo su mano a esta bellísima definición que tomamos del estudio de Henri Massis: “Una Patria lo son los campos, los muros, las torres y las casas, los son los sepulcros y los altares; lo son los hombres vivos, padre, madre y hermanos, los niños que juegan en los jardines, los campesinos que cultivan el trigo, los comerciantes, los artesanos, los obreros, los soldados; no hay nada en el mundo más concreto”.

Iniciada la Cruzada española de 1936, Maurras se alineó naturalmente con la España azul. Y atravesó los Pirineos. Tenía la alegría de quien lleva la Buena Nueva y en el corazón las Flores de Lis con el Yugo y las Flechas. A su lado, la poesía encarnada por Roberto Brasillach, marchaba “con el arma al brazo y en lo alto las estrellas”.

En los años anteriores a la guerra de 1939, la lucha periodística y literaria del insigne pensador tuvo mucho de profética, alertando a una Francia desarmada moral y materialmente por el Frente Popular. En 1940 adhirió al Mariscal Philippe Pétain, en quien apareció la decisión de servir a Francia hasta el sacrificio propio. Se mantuvo sin renunciamientos enfrentando a los partisanos comuno-gaullistas. Luego… el Via Crucis, y el martirio en compañía de los miles victimados por el odio rojo.

Hondo fue su sentir y punzante el ejemplo de su vida. Para él, aquí, nuestras flores de homenaje, que por provenir del alma son inmarchitables.

Luis Alfredo Andregnette Capurro, en “Revista Cabildo”, diciembre de 2005.

miércoles 11 de noviembre de 2009

La Pesca de las Vírgenes

Mino Maccari, 1960, colección particular.

viernes 6 de noviembre de 2009

La Destrucción de la Mujer

Durante milenios, las civilizaciones reposaron en la mujer. Su papel de formadora de la próxima generación, apenas reconoce minúsculas excepciones. Y ese papel decisivo estaba basado en el reconocimiento implícito de la diversidad y de la complementariedad de ambos sexos.

Desde el siglo XIX el progresismo irrumpe en la cuestión a partir de la absurda idea de la igualdad de hombres y mujeres, y en poco más de un siglo destruye lo que la naturaleza y la civilización habían construido en milenios. El primer golpe fue convencer a las mujeres de que sólo los trabajos masculinos eran importantes. El segundo golpe fue la creación de un sistema social y familiar en la que el trabajo femenino se fue haciendo cada vez más necesario e inevitable.

Con estas realidades se colocaba a la mujer en la primera de las trampas de la modernidad. Para funcionar, el sistema montado exigía una de estas dos cosas:

a) Que las mujeres dejaran de tener hijos y estos se “produjeran” con artilugios biológicos y químicos (ésta fue la solución imaginada por Aldous Huxley en su novela “Brave New World”).

b) Que las madres ya no criaran más a sus hijos (ésta fue la solución ensayada, por ejemplo, en algunas de las granjas israelíes. Terminó en un fracaso total).

No dándose ninguna de esas dos soluciones, el feminismo imponía a la mujer esta realidad: el ejercicio de algún trabajo o profesión no la libraba --no la podía librar-- de sus responsabilidades de esposa y de madre, si lo era. Con lo cual, lejos de conquistar un lugar igual al lado del hombre se encontraba con que en el reparto le correspondían a ella dos papeles que en numerosísimos casos se mostraban total o parcialmente incompatibles.

El resultado a la larga no era dudoso. Una proporción creciente de las mujeres “modernas” de Europa y de Estados Unidos optan por tener una pareja (o varias, simultáneas o sucesivas) pero no tener hijos. En el mejor de los casos, el ideal para tales mujeres toma el nombre del matrimonio “dink” (double income, no kids --ingreso doble, sin hijos--). Las consecuencias de todo esto sobre la evolución de la población se leen por ahora en notorias estadísticas y en las terribles dificultades de los sistemas previsionales, pero en su momento causarán una catástrofe inimaginable.

Pero todo esto, a pesar de su atroz gravedad, no es lo peor. El progresismo luchaba también por suprimir todo aquello que diferenciara a la mujer del hombre. La próxima víctima tenía que ser… el pudor. Persistentemente se luchó contra ese sentimiento que parte de la conciencia de la parte animal de los seres humanos y se convierte en tal (en pudor) al encontrarse con la delicadeza propia de la condición femenina. El pudor era la señal distintiva de la mujer, la muralla exterior de su condición.

Tras un siglo de lucha, hoy se ha matado el pudor en millones de mujeres, que no dudan en exhibirse desnudas (con tres trapitos malcubriendo sus “vergüenzas”) todos los veranos, a lo que deben agregarse otros millones que se desnudan por precio en los sets de televisión y en los estudios de los pornógrafos. El resultado es un mar de carne femenina convertida en un pingüe negocio al alcance --televisión e Internet mediante-- de todos los bolsillos y de todas las edades.

La liberación femenina, que prometía la dignificación de la mujer frente al menosprecio masculino, la ha convertido en el más banal de los objetos de consumo para el hombre, en el más barato de los gags de los que vive la sociedad enferma que marcha hacia la nada.

Aníbal D’Angelo Rodríguez, en “Testigo de Cargo”, noviembre de 2007.

lunes 2 de noviembre de 2009

El Hedonismo

La palabra hedonismo viene del griego, edoné, que significa placer. El origen último del hedonismo es de índole filosófica, ya que propiamente el hedonismo es un sistema filosófico, atinente al campo de la moral, que hace consistir el bien en el placer. Según esta manera de ver, el hombre encuentra su felicidad plenaria en el placer, el placer actual, inmediato, sensible. El hombre, según los hedonistas, está sujeto a la soberanía del instante; la previsión, el anhelo de un placer futuro lleva siempre consigo cierta inquietud e inseguridad, y, por lo mismo, su espera implica una cuota de dolor, que se trata de regir experimentando un nuevo placer lo más rápidamente posible. Interpretada rigurosamente, la moral del hedonismo presupone la superioridad del placer físico sobre el moral, y el principio del egoísmo, mi placer sobre todo. Excluye, asimismo, toda moderación en la búsqueda de la dicha. No importa lo que la moral diga de cada acto; lo importante es el placer que en ellos puede encontrarse.

Resulta evidente que el hombre de nuestro tiempo parece abocado a satisfacer febrilmente su ansia de placeres, sean ellos honestos o no. Se trata de pasarla lo mejor posible, a costa de lo que fuere, en busca incesante de sensaciones placenteras, siempre nuevas y cada vez más excitantes.

La búsqueda omnímoda en insaciable del placer se convierte en una necesidad inconsciente, análoga al uso de estupefacientes para el drogadicto. El sufrimiento aparece con todas las características de un agresor, carente totalmente de significación.

Particularmente se busca “liberar” el campo del sexo, que ocupa un lugar privilegiado en aquella búsqueda ansiosa del placer que caracteriza al hedonismo. Se confunde el sexo con el amor, “un amor en rebajas”, todo ligero, light él también, sin contenido, siempre listo, al modo del picaflor donjuanezco, ante la primera oportunidad que se presente. Un amor así entendido considera a la mujer como mero objeto de placer, que se usa y se tira, material de descarte. En esta materia se ha llegado hasta la saturación.

Un síntoma de este desenfreno hedonístico lo constituye la erradicación del pudor, que es la atmósfera protectora del sexo. Nuestra época se caracteriza por la creciente desaparición del pudor en todos sus niveles. Se busca la comunicación con los demás y la superación de la propia soledad en la abolición de la intimidad personal; en ese mismo momento, el pudor ha quedado descartado.

El hedonismo constituye la atmósfera de la sociedad en que vivimos, una actitud que no tolera ningún tipo de cuestionamiento. Cuando frente al desbloque de la pornografía y de los placeres degradantes alguien intenta levantar todavía el ideal de la decencia y de la pureza, con frecuencia los medios de comunicación reaccionan tratando de descubrir intereses egoístas en el que defiende las normas de la ética, o sacando gozosamente a luz las inmoralidades secretas de algunas personalidades públicas que parecían encarnarlas. Resulta inocultable la satisfacción con que algunos medios se detienen morbosamente en revolver las presuntas lacras de algunos sacerdotes y obispos, así como su gusto cuando, en un arrebato de necropornografía, atribuyen homosexualidad a grandes políticos y artistas de tiempos pasados. Todos somos iguales, igualmente corruptos. Ello constituye un eficaz aliciente a las corrientes hedonistas hoy imperantes.

P. Alfredo Sáenz, en “El Hombre Moderno”, 1998.

miércoles 28 de octubre de 2009

Marcha sobre Roma

Duilio Cambellotti, 1933, Palacio de Gobierno, Ragusa.

martes 27 de octubre de 2009

Jordán Bruno Genta

Dios, Patria y Hogar: la síntesis de sus amores y de sus dolores, la tradicional divisa.

Si el Dios amado le era familiar, por la virtud de la parresía. Si la patria amada lo era con amor filial, fraterno y esponsalicio, por la virtud de la pietas; el hogar amado era Iglesia Doméstica, por la virtud de la abnegación sin reservas.

Amaba la Verdad, el Bien y la Belleza, de un modo principal, categórico, dominante. Verdad crucificada, que con San Juan quería izar sobre lo alto, para que todos la contemplaran (Jn. 12, 32). Bien que deseaba extender a sus compatriotas, para quienes reclamaba un “trato de honor”, cualquiera fuese el puesto o la misión desempeñada; Belleza que empezaba por manifestar en ese decir inigualable, ejercitado como un hábito en todas las circunstancias de la vida.

Amaba Genta a las Fuerzas Armadas de la Nación, cuyo encomio trazó en línea lugoniana. Por eso le estremecía de espanto verlas reducidas a un manojo de profesionalistas asépticos, conducidas por badulaques, o hueras de una doctrina de guerra contrarrevolucionaria. Por eso no aprobó nunca que sus integrantes recibieran la orden de enfrentarse clandestinamente contra el terrorismo, o que optaran por combatir a los guerrilleros oculta y aviesamente, con sus mismos métodos.

Amaba al fin, si se nos permite la redundancia, todos los modelos egregios del amor cristiano, desde el de los cónyuges hasta el de los santos y los héroes. Y supo amar la buena muerte, que quiso, pidió y ofreció a Dios para sí mismo, siendo escuchado. Porque si algo merecía este varón singular, era morir en combate.

Antonio Caponnetto, en “Jordán Bruno Genta”, 2004.