viernes 28 de agosto de 2009

El Ataque a la Familia está Planificado

— Se habla de que la familia está en crisis. Me refiero a la imagen de familia heredada de la tradición judeo-cristiana. Pero es muy fuerte el pensamiento que ve esto apenas como un salto en el desarrollo evolutivo de la sociedad. La pregunta es: ¿puede la humanidad prescindir de la familia tradicional?

Antonio Caponnetto (AC): De ninguna manera, puesto que la humanidad es un efecto, un corolario de la agrupación de familias. Pero hay un problema mayor: esto es una crisis planificada y programada. La familia viene siendo atacada sistemáticamente en su esencia, en su naturaleza, en su finalidad, en el concepto de autoridad y en la noción del amor, en que se funda. Entonces, atacado de un modo programado y planificado este conjunto de pilares, la familia se disocia, atomiza y pulveriza. De esta manera la sociedad, que depende de la familia, sufrirá efectos negativos. La familia --siempre se ha dicho y se ha dicho bien-- es la célula de la sociedad. León XIII daba una definición un poco más perfilada: es el “semillero” de la república, decía. Tomando incluso los términos de un texto ciceroniano clásico. Entonces, si la familia es la célula social básica, como siempre se ha repetido, luego todo aquello que la disgregue significa un mal enorme e irrecuperable para la sociedad. Por tanto, lejos de ser este un proceso en el desarrollo evolutivo, este es un proceso en el movimiento de la revolución mundial anticristiana, que no quiere dejar nada en pie, empezando por la familia. Hay que entender que los ataques de los que hablo, no son menores. Son ataques mayúsculos. Atacar, por ejemplo, el concepto de finalidad, la procreación generosa y fecunda, el mutuo perfeccionamiento de los esposos; atacar el concepto del amor y proponer un sensualismo incluso contra natura; todo esto forma parte de este desdichado proceso. Entonces yo lo que sugiero es que frente a la crisis, hay que tener hecho un buen diagnóstico. Y el buen diagnóstico es aquel que ve las causas hondas y profundas; y que remiten a este compendio de ataques maliciosos.

— ¿A quién o a qué factores de poder les puede interesar la disolución de la familia y con qué propósito?

AC: Todos los enemigos del orden natural y todos los enemigos del orden sobrenatural. Todos los enemigos de las sociedades cristianas. Todos ellos están empeñados desde hace mucho tiempo en la disolución de la familia. Pensemos, por ejemplo, que uno de los postulados de la masonería es la corrupción de la mujer, en la medida que se sabe que la corrupción de ella, tiene consecuencias penosas para la decencia y el decoro de la sociedad. Hay una serie de ideologías perversas que son responsables de esta destrucción planificada. El liberalismo, la masonería, el marxismo, el anarquismo o las corrientes neopaganas son todas posiciones ideológicas que coadyuvan a la destrucción de la familia.

— Es decir que más allá de la discrepancia que puedan tener entre sí en algunos puntos --como es el caso del liberalismo y el marxismo-- los une el ataque a la familia. ¿Es así?

AC: La revolución tiene varios brazos y varios rostros, pero es una sola. Salvador Borrego, el gran pensador mexicano, en su libro Soy la Revolución habla en primera persona, como si él fuera la revolución, y dice precisamente esto: tengo varios rostros, tengo varios nombres, tengo varias caras, pero soy una sola y mi propósito es descristianizar a la sociedad, mi propósito es destronar a Jesucristo. Es decir, todas las ideologías que mencioné convergen en este punto. En realidad lo que ellos odian es el conjunto de las filiaciones humanas. El hombre tiene una filiación carnal, que es la familia o el hogar; tiene una filiación histórica, que es la patria; y tiene una filiación sobrenatural, que es Dios. Entonces, son estas tres filiaciones las que a ellos les molestan. De ahí que no haya que engañarse. Detrás de estos ataques, no sólo no hay una sintomatología de una evolución de la sociedad, sino que lo que hay es una manifestación cada vez más insolente y más inaudita de la revolución mundial anticristiana.

— ¿En qué políticas a nivel nacional ve reflejado este plan deliberado contra la familia, montado a escala global, del que usted habla?

AC: En este momento la Argentina está dando el tristísimo espectáculo de políticas de estado disolventes. La promoción que se hace de la ley de salud reproductiva, que no es sólo una promoción sino una aplicación compulsiva; o la legalización a veces encubierta, a veces explícita del aborto; son atentados contra la familia. Y este conjunto de medidas que recibe el feo nombre de ‘educación sexual’ también lo son. Porque en realidad no hay tal educación, sino un reduccionismo genital, hormonal, que hace del sexo un saqueo. La política de estado en la materia consiste en decirle a los jóvenes que pueden copular plurioficialmente, pueden copular contranatura, pueden copular como mejor quieran. Y esto siempre y cuando usen el condón que le reparte el señor Ginés (González García, a cargo de la secretaría de Salud de la Nación), que se hace rodear por otros tantos condones; ha salido fotografiado de ese modo, un caso único en la historia argentina. Un hombre que se vanagloria de su condición de condón. De manera tal que esta política de estado es contraria a una concepción cristiana de la familia.

— ¿La educación sexual, en su opinión, debe quedar en la esfera de la familia o la debe impartir el estado?

AC: Estoy de acuerdo en que la educación sexual quede en el seno de la familia, siempre y cuando nos pongamos de acuerdo acerca de eso. La educación sexual está naturalmente inserta en un contexto. Es el contexto de la educación de la virtud de la templanza, con todas sus virtudes conexas y derivadas, principalmente la hermosísima y olvidada virtud de la castidad. Entonces, si la familia asume ese deber que le corresponde, ese derecho por cierto que tiene, de educar sexualmente a sus hijos, debe saber que para no equivocarse tiene que impartirla en el contexto de la educación de las virtudes. Si el estado fuese normal --y no este corrupto, gangsteril y montoneril que padecemos-- podría subsidiar en este tema. El principio de subsidiaridad rige, de manera tal que en principio, per se, no es perverso que el estado quiera participar. Lo que es perverso y clama al cielo es que este estado --intrínsecamente ruinoso y presidido por un delincuente subversivo, rodeado de adláteres de su misma laya y catadura-- lo que clama al cielo, digo, es que semejante estado quiera hacerse cargo de la educación sexual de nuestros hijos.

— Hay quienes objetan que si el sistema educativo no enseña lo necesario, aquello para lo que fue creado --como leer y escribir-- entonces mal puede educar en materia sexual...

AC: Es que no sólo han barrido con la concepción metafísica. Han destruido la misma herradura física de la educación. Por eso el Padre Leonardo Castellani decía que la educación argentina no puede reformarse por el simple hecho de que no tiene forma. Es decir, a la educación le han despojado el alma, la forma. No se puede confiar en absoluto en estos personeros de la ruina ideológica que nos desgobiernan. Sería una demencia confiar en esta gentuza, que verdaderamente son personajes salidos de la página del Rinocerente de Ionesco, es decir personajes bestiales, animales, que blasonan de su condición zoológica. Son seres inferiores realmente.

— De acuerdo a su diagnóstico, si la cultura y el estado conspiran contra la familia ¿qué debe hacer entonces ésta?

AC: La actitud es la que pide el Evangelio: construir casas sobre rocas. Si uno hace eso, pueden golpear los vientos, dan con ímpetu contra la casa, cae la lluvia, los ríos salen de cauce, pero la casa no es destruida porque está edificada sobre roca. ¿Cómo se edifica una casa sobre roca? La casa es Jesucristo. Y por tanto la casa debe ser cristocéntrica. El hogar debe convertirse en la iglesia doméstica, como decían los Padres de la Iglesia. Debe ser la unión ante Dios, de uno con una para siempre, para la procreación generosa y fecunda, para el mutuo perfeccionamiento y para la crianza cristiana de los hijos...

— La Iglesia Católica aparece como la única institución en Occidente que aún defiende el concepto tradicional de la familia...

AC: Yo soy crítico de la actitud de algunos de nuestros pastores. Actitudes que juzgo pusilánimes y en algunos casos poco ortodoxas. Sin ir más lejos en el diario Perfil del domingo pasado Monseñor (Justo) Laguna, habló a favor de la despenalización del aborto. Y consideró que era un mal para la Iglesia que gobernara Benedicto XVI porque sigue los pasos de Juan Pablo II; con la diferencia --dice monseñor Laguna-- de que este Papa es mucho más inteligente. Así se refiere a su pastor universal. Y hasta el día de hoy no conocemos ninguna sanción canónica contra Laguna, pese a que ha dado una verdadera cátedra pública de sacrilegio. Abundan los monseñores ‘Lacustres’. Es decir, yo en principio soy crítico. No obstante, debo reconocer con orgullo, con satisfacción, que en materia de lo que Roma ha llamado "cultura de la vida", la Iglesia se ha mantenido firme, siempre igual a sí misma. Ha defendido el orden natural y el orden sobrenatural. En este sentido, hay que reivindicar el magisterio eclesiástico.

Entrevista a Antonio Caponnetto realizada por Marcelo Lorenzo para “El Día Cultural”, Gualeguaychú.

martes 25 de agosto de 2009

Efectos de una Vida Familiar Inestable

La estructura familiar afecta a todos los niveles de la educación, desde el preescolar hasta el universitario. Esto se debe a que lo que ocurre en la familia tiene una gran influencia sobre toda una serie de comportamientos infantiles, como el mal comportamiento escolar, el consumo de drogas y alcohol, la actividad sexual y el embarazo adolescente, y los problemas psicológicos.

Es tres veces menos probable que los niños de 3 y 4 años que crecen con sus propios padres casados experimenten problemas emocionales o de comportamiento como el desorden de déficit de atención.

En general, los niños que viven con sus propios padres casados tienen menos problemas de comportamiento en comparación con los niños cuyos padres están viviendo juntos pero no están casados. También existen diferencias en el área de la salud física. Los niños en familias con un solo progenitor están en general menos sanos que los niños en otros tipos de familia.

Además, los niños que viven con sus propios padres casados es más probable que se impliquen en actividades que les ayuden a aprender a leer que los niños en hogares con un solo progenitor. Estas diferencias en una edad tan temprana pueden establecer pautas de comportamiento educativas que persisten en niveles educativos posteriores.

En la escuela primaria, la habilidad de los niños para manejarse en temas básicos y a su nivel es más débil en aquellos que no viven con sus propios padres casados. Por ejemplo, los de cuarto grado con padres casados logran mayor puntuación en comprensión de lectura, comparados con estudiantes que viven en familias de adopción, con madres solteras, y en otros tipos de familias. Vivir en una familia de un solo progenitor está también relacionado con descensos en los resultados en matemáticas de los niños.

Entre los adolescentes, las consecuencias negativas debidas a la estructura familiar son notablemente más graves. Afectan a temas tales como el índice de abandonos escolares, el índice de graduaciones, y la edad del primer embarazo.

Cuando llegan a la universidad, los adolescentes de familias divididas siguen pagando un alto precio. Esto incluye consecuencias negativas como un nivel de asistencia a la universidad más bajo.

Los patrones de comportamiento negativo más evidentes en los niños de familias divididas son:

. Mala conducta en la escuela. La desintegración familiar se asocia, en los chicos, con una incidencia mayor de comportamiento anti social en el aula. Los niños de hogares con sus propios padres casados tienen muy pocas incidencias de mala conducta en la escuela.

. Asistencia escolar y retraso. Los estudiantes de familias divididas abandonan las clases en un índice de un 30% superior al de los hogares unidos. Estas diferencias existen debido en parte a que los hogares divididos parecen menos capaces de supervisar y controlar a sus hijos.

. Fumar, consumo de drogas ilegales y alcohol. Los adolescentes de familias divididas es más probable que fumen, consuman drogas y alcohol, incluso cuando se controlan factores importantes como la edad, el sexo, la raza y la educación familiar. Un estudio encontró que la estructura familiar tiene una relación significativa con el apego familiar, con las familias unidas con un mayor apego. A su vez, el apego familiar tiene un efecto directo y disuasorio sobre el tabaquismo adolescente y el consumo de drogas ilegales.

. Actividad sexual y embarazo adolescente. Los adolescentes de familias divididas son más proclives a ser activos sexualmente. No parece que haya diferencias significativas en el comportamiento sexual entre adolescentes de familias adoptivas y los de familias de un solo progenitor. La similitud en el comportamiento sexual de estos dos grupos de adolescentes sugiere que el volverse a casar presenta algunos riesgos con respecto a controlar de forma efectiva el comportamiento adolescentes y el trasmitir valores que disuadan de las relaciones sexuales tempranas.

. Actividades ilegales. Estar en una familia adoptiva o de un solo progenitor a los 10 años eleva a más del doble la probabilidad de que un niño sea arrestado a los 14 años. Un estudio encontró era más probable que los chicos adolescentes en familias sin el padre biológico fueran encarcelados que los adolescentes de las familias unidas. Los jóvenes que nunca han vivido con sus padres biológicos tienen más probabilidades de ser arrestados.

. Problemas psicológicos. Para los niños, crecer sin sus propios padres casados está relacionado con altos niveles de estrés, depresión, ansiedad, y baja autoestima, durante sus años de adolescencia; problemas que pueden reducir su capacidad de concentración y atención en la escuela. La investigación muestra de modo fundado que el divorcio de los padres tiene efectos emocionales negativos durante la infancia, adolescencia y edad adulta.

De un Estudio realizado y publicado por el Instituto por los Valores Americanos con sede en Nueva York, 2006.

sábado 22 de agosto de 2009

Oración en Honor al Inmaculado Corazón de María

Amabilísimo Corazón de María, que ardéis continuamente en vivas llamas de amor divino; por él os suplico, Madre mía amorosísima, abraséis mi tibio corazón en ese divino fuego en que estáis toda inflamada. Avemaría y Gloria.

Purísimo Corazón de María, de quien brota la hermosa azucena de virginal pureza. Por ella os pido, Madre mía inmaculada, purifiquéis mi impuro corazón, infundiendo en él la pureza y castidad. Avemaría y Gloria.

Afligidísimo Corazón de María, traspasado con la espada de dolor por la pasión y muerte de vuestro querido Hijo Jesús, y por las ofensas que de continuo se hacen a su Divina Majestad; dignaos, Madre mía dolorida, penetrar mi duro corazón con un vivo dolor de mis pecados y con el más amargo sentimiento de los ultrajes e injurias que está recibiendo de los pecadores el Divino Corazón de mi adorable Redentor. Avemaría y Gloria.

¡Oh Inmaculado Corazón de María, sed la salvación del alma mía!

jueves 20 de agosto de 2009

Gran Peña Folklórica

En homenaje al MMCCC cumpleaños del Druida Panorámix.

Sábado 22 de agosto a las 12.30 hs. en la sede de Faminat, Calle Ricchieri, esquina San Martín, Bella Vista.

Bono contribución $ 30 (con una consumición), a total beneficio de Panorama Católico Internacional.

Para más detalles y/o adquirir su bono, comuníquese con panorama@panodigital.com

martes 18 de agosto de 2009

La Importancia del Matrimonio

No pasan semanas, sino días, que no tengamos que deplorar el espectáculo de hogares desunidos, de uniones quebrantadas, cuya separación es más definitiva por otras uniones adúlteras, o que no tengamos que comprobar la ilegitimidad de uniones que se podría creer regulares. ¡Cuántos dramas de consciencia, cuántos dolores morales escondidos!

Pero lo más grave, es la comprobación de una ignorancia inconcebible de las obligaciones del matrimonio, como esta unión no dependiese más que de la voluntad humana, y que los derechos y deberes que derivan de ella no existiesen sino en la medida que los cónyuges lo deseen. O, si se conocen las leyes que rigen el matrimonio, no se entiende el rigor; y, frente a los numerosos ejemplos de aquellos que las violan, no se entiende que esta libertad no sea aceptada por la Iglesia como más conforme con el espíritu moderno.

Con cuanta frecuencia, con ocasión del cuestionario que detalla las obligaciones del matrimonio, se escuchan reflexiones que testimonian un increíble desconocimiento de todo lo que este contrato tiene de grave y de sagrado.

No es raro encontrar, incluso entre los que todavía tienen, gracias a Dios, una idea clara de la importancia y de la santidad del matrimonio, una indulgencia, o más exactamente una tolerancia benevolente para con las separaciones, para con las uniones libres, que no dejan de constituir un verdadero escándalo, sobre todo para la juventud.

Con la asistencia al cine y a espectáculos que ofrecen todo aquello que es contrario a las buenas costumbres y a la santidad del matrimonio, termina por acostumbrarse a todo lo que tendría que ser mirado como un objeto de reprobación.

Incluso en algunos hogares católicos, las conversaciones sobre estos temas son frecuentes y no revelan ninguna desaprobación, con gran daño para los jóvenes que las escuchan. No se teme introducir en el hogar revistas o novelas donde el matrimonio estable, indefectible, es ridiculizado en provecho de la unión egoísta y pasajera.

Este acostumbrarse los ámbitos católicos a las ideas falsas difundidas por los no católicos es gravemente nociva a la santidad del matrimonio.

Cuántos hogares serían más dignos, más unidos, más apaciguados, si el esposo buscase la sana recreación en lugar de darse a la bebida, si la mujer fuese más modesta en lugar de entregarse a las vanidades.

«El matrimonio --dice nuestro Santo Padre Pío XI-- no fue instituido ni restaurado por obra de hombres, sino por obra divina. No fue protegido, confirmado, ni elevado con leyes humanas, sino con leyes del mismo Dios, autor de la naturaleza, y de su restaurador, Cristo Señor Nuestro. Por lo tanto, sus leyes no pueden estar sujetas al arbitrio de ningún hombre, ni siquiera al acuerdo contrario con los mismos cónyuges (...) Mas, aunque el matrimonio sea de institución divina por su misma naturaleza, con todo, la voluntad humana tiene también en él su parte, y por cierto nobilísima, porque todo matrimonio, en cuanto que es unión conyugal entre un determinado hombre y una determinada mujer, no se realiza sin el libre consentimiento de ambos esposos (...) Es cierto que esta libertad no da más atribuciones a los cónyuges que las de determinarse o no a contraer matrimonio, y a contraerlo precisamente con tal o cual persona; pero la naturaleza del matrimonio está totalmente fuera de los límites de la libertad del hombre, de tal suerte que si alguien ha contraído ya matrimonio se halla sujeto a sus leyes y propiedades esenciales».

¿Cuáles son las propiedades del matrimonio?

El sentido común, que es la expresión de la verdadera sabiduría, y las Sagradas Escrituras con la Tradición, nos enseñan que son dos: la unidad y la indisolubilidad.

Estas dos propiedades, que descartan por una parte la presencia de una tercera persona en el matrimonio, y por otra parte la posibilidad de romper el vínculo establecido por el contrato concluido entre los dos cónyuges, encuentran su raíz profunda en la naturaleza humana establecida por Dios. La naturaleza misma del contrato matrimonial, la de constituir la sociedad familiar por la presencia de los hijos, exige absolutamente la unidad y la estabilidad perfecta del matrimonio.

«La fidelidad conyugal y la procreación de los hijos --dice Santo Tomás-- están implicados por el mismo consentimiento conyugal, y en consecuencia si, en el consentimiento que constituye el matrimonio, se formulase una condición que les fuese contraria, no habría verdadero matrimonio».

La unión conyugal une todo en un acuerdo íntimo; las almas más estrechamente que los cuerpos.

El matrimonio contraído por dos almas que se dan una a la otra teniendo como perspectiva la eventualidad de una separación, es un mentís insolente dado a las más nobles aspiraciones que el corazón humano aporta en este acto solemne; es la contradicción llevada a lo más íntimo de dos corazones que se unen. Decir contradicción no es bastante; los pretendidos derechos del corazón a no ser irrevocablemente encadenado, no es otra cosa y no se pueden llamar de otra manera que cobardes necesidades del egoísmo.

Admitir en el contrato matrimonial que se pueda quebrar el vínculo, no es sólo contrario a la naturaleza de la sociedad conyugal, contrario a la naturaleza humana, sino también y sobre todo, contrario al fin mismo del matrimonio, de la sociedad humana.

¿Qué sucederá, en efecto, con los hijos, esos seres divididos, más tristes que los huérfanos, que sacan del afecto por su madre el odio para con su padre, y que aprenden de su padre a maldecir a su madre? ¿Puede concebirse un contrato de matrimonio que admita la perspectiva de una semejante disociación de la familia y que haga pesar sobre los hijos la amenaza de una existencia herida para siempre en sus más profundos afectos?

Mons. Marcel Lefebvre, en su Carta Pastoral del 11 de febrero de 1950.

jueves 13 de agosto de 2009

Batalla Heroica

Salvatore Rosa, 1664, Museo del Louvre, París.

lunes 10 de agosto de 2009

De los Soldados de Cristo

Los soldados de Cristo con seguridad pelean las batallas del Señor, sin temor de cometer pecado por muerte del enemigo ni por desconfianza de su salvación en caso de sucumbir. Porque dar o recibir la muerte por Cristo no sólo no implica ofensa de Dios ni culpa alguna, sino que merece mucha gloria; pues en el primer caso, el hombre lucha por su Señor, y en el segundo, el Señor se da al hombre por premio, mirando Cristo con agrado la venganza que se le hace de su enemigo, y todavía con agrado mayor se ofrece Él mismo por consuelo al que cae en la lid. Así, pues, digamos una y más veces que el caballero de Cristo mata con seguridad de conciencia y muere con mayor confianza y seguridad todavía. Ganancia saca para sí, si sucumbe, y triunfo para Cristo, si vence. No sin motivo lleva la espada al cinto. Ministro de Dios es para castigar severamente a los que se dicen sus enemigos; de su Divina Majestad ha recibido el acero, para castigo de los que obran mal y exaltación de los que practican el bien. Cuando quita la vida a un malhechor no se le ha de llamar homicida, sino malicida, si vale la palabra.; ejecuta puntualmente las venganzas de Cristo sobre los que obran la iniquidad y con razón adquiere el título de defensor de los cristianos. Si le matan no decimos que se ha perdido, sino que se ha salvado. La muerte que da es para gloria de Cristo, y la que recibe, para la suya propia. En la muerte de un gentil puede gloriarse un cristiano porque sale glorificado Cristo; en morir valerosamente por Cristo muéstrase la liberalidad del gran Rey, puesto que saca a su caballero de la tierra para darle el galardón. Así, pues, el justo se alegrará cuando el primero de ellos sucumba, viendo aparecer la divina venganza, mas si cae el guerrero del Señor, dirá: ¿Acaso no habrá recompensa para el justo? Cierto que sí, pues hay un Dios que juzga a los hombres sobre la tierra.

Claro está que no habría de dar muerte a los gentiles si se los pudiese refrenar por otro cualquier medio, de modo que no acometiesen ni apretasen a los fieles y les oprimiesen. Pero por el momento vale más acabar con ellos que no dejar en sus manos la vara con que habían de esclavizar a los justos, no sea que alarguen los justos sus manos a la iniquidad.

Disipad, pues, y deshaced sin temor a esas gentes que sólo respiran guerra; haced tajos a los que siembran entre vuestras filas el miedo y la duda; dispersad de la ciudad del Señor a todos los que obran iniquidad y arden en deseos de saquear todos los tesoros del pueblo cristiano. Desenváinese la doble espada, espiritual y material, de los cristianos, y descargue con fuerza sobre la testuz de los enemigos, para destruir todo lo que se yergue contra la ciencia de Dios, o sea, contra la fe de los seguidores de Cristo.

San Bernardo de Claraval, en "De la Loa a la Nueva Milicia", 1136.

jueves 6 de agosto de 2009

Martirio de Gabriel García Moreno

Como de costumbre, se levantó a las cinco de la mañana, y a las seis se dirigió a la iglesia para oír misa y comulgar. Era el primer viernes de mes. La acción de gracias se prolongó por más tiempo que lo habitual. Los conjurados se habían apostado, para acecharlo, en la plaza de Santo Domingo, delante del templo. Allí vivía García Moreno, a cinco cuadras de la Plaza Mayor, lugar este último donde se encuentran la Casa de Gobierno y la Catedral.

Vuelto a su casa, pasó un rato en familia, y luego dio los últimos toques a su Mensaje. Con él bajo el brazo, salió hacia el palacio, a eso de la una. Al pasar ante la casa de su suegro, subió a saludarle. Éste le recordó: «Gabriel, ya te dije, no debías salir; no ignoras que tus enemigos te están siguiendo los pasos». «Sí, pero suceda lo que Dios quiera, yo me pongo en sus manos en todo y para todo». El calor era tremendo, y pidió algo de beber, que no le debió caer bien, ya que le hizo transpirar. Luego sintió fresco y se abotonó la chaqueta. Este último detalle tiene su importancia, porque en el momento del atentado le privaría de rapidez para extraer su revólver. Enseguida se dirigió a la Casa de Gobierno.

Los conjurados estaban nerviosos, ya que llevaban horas de retraso. Al verlo salir de la casa de su suegro, cada cual fue al puesto que se le había asignado, con una misión muy determinada. De pronto a García Moreno se le ocurrió hacer una visita al Santísimo de la Catedral, que hacía ángulo con el Palacio. Estuvo allí de rodillas un buen rato. Los sicarios, cada vez más nerviosos, le mandaron decir que alguien lo esperaba afuera por un asunto urgente. El Presidente se levantó enseguida, salió del templo, y comenzó a subir las escaleras laterales del Palacio de Gobierno. Uno de los asesinos, el capitán Faustino Lemus Rayo, se le acercó por la espalda, y le descargó un brutal machetazo. «¡Vil asesino!», exclamó García Moreno volviéndose hacia él, y haciendo inútiles esfuerzos para sacar el revólver que estaba bajo la chaqueta abotonada. Los demás saltaron sobre el herido y le dispararon, mientras Rayo le hería en la cabeza. Chorreando sangre, García Moreno dio varios pasos hacia una de las entradas del Palacio. Rayo le asestó otro golpe, cortándole la mano derecha, hasta separarla casi por entero. Una segunda descarga le hizo vacilar. Se apoyó sobre una columna de la galería y rodó por las escaleras hasta la plaza, desde unos cuatro metros de altura. Yacía ensangrentado y malherido, cuando el feroz Rayo bajó rápidamente las escaleras del peristilo y se precipitó sobre el moribundo gritando: «¡Muere, verdugo de la libertad! ¡Jesuita con casaca!», mientras le tajeaba la cabeza con otra cuchillada. García Moreno, según luego confesaron los asesinos, murmuraba con voz débil: « ¡Dios no muere!».

No había fallecido todavía. Acudió gente del pueblo, así como varios soldados y sacerdotes, todos acongojados. Lo transportaron, agonizante, a la catedral, y lo acomodaron ante el altar de la Virgen de los Dolores, tratando de vendar sus heridas. Luego lo llevaron a la habitación del sacristán. Aún tenía pulso, pero no le era posible hablar. Sólo con su mirada, que todavía daba señales de vida, respondió a las interrogaciones rituales del sacerdote, y asintió cuando se le preguntó si perdonaba a los asesinos. Le dieron entonces la absolución y la santa unción. Pocos minutos después expiraba en paz.

Al examinar su cadáver, vulnerado por catorce puñaladas y seis balazos, encontraron sobre su pecho una reliquia de la Cruz de Cristo, el escapulario de la Pasión y del Sagrado Corazón, y un rosario con la medalla de Pío IX. La efigie de este Papa estaba tinta en sangre, simbolizándose de esta manera tan conmovedora la entrañable amistad que los había unido y el común amor a la Iglesia. Igualmente se le encontró en el bolsillo una agenda con apuntes diarios. En la última página había escrito con lápiz, aquel mismo día, tres líneas que lo pintan de cuerpo entero: «¡Señor mío Jesucristo, dadme amor y humildad, y hacedme conocer lo que hoy debo hacer en vuestro servicio!». En respuesta, Dios le había pedido su sangre y él la derramó, como último acto de servicio, «por el que, siendo Dios, quiso derramar la suya en la Cruz por nosotros». Tales fueron las palabras que él había empleado en su reciente carta al Papa, donde le rogaba que su bendición le alcanzase del cielo la gracia del martirio.

P. Alfredo Sáenz, en “Arquetipos Cristianos”.

lunes 3 de agosto de 2009

Batallar por el Reinado Social de Cristo

“Instaurare Omnia in Christo”, es nuestra obligación y deber como milites de Cristo. No podemos sólo adoptar barreras defensivas, aunque el infierno desencadenado vaya encima, hay que contraatacar. Nuestra obligación es combatir usque ad mortem con las armas de Dios por el Reinado Social de Cristo en todos los órdenes (Ousset, 1972:354,369).

Los frutos sobrenaturales de la gracia de Dios en el hombre, pues lo perfecciona humana y moralmente, aportan efectos benéficos a toda la sociedad, paz social y decidida orientación al bien común. León XIII (1880:2) enseña que “La religión cristiana ha favorecido y fomentado en absoluto todas aquellas cosas que en la sociedad civil son consideradas como útiles, y hasta tal punto que, como dice San Agustín, aun cuando hubiera nacido exclusivamente para administrar y aumentar los bienes y comodidades de la vida terrena, no parece que hubiera podido ella misma aportar más en orden a una vida buena y feliz”.

Urge formarse doctrinalmente, “inducir a las muchedumbres a que se instruyan con todo esmero en lo tocante a la religión” (León XIII:1884:30), para denunciar y procurar “con todo ahínco extirpar esta asquerosa peste que va serpeando por todas las venas de la sociedad” (León XIII:1884:28), y procurando “arrancar a los masones” y a cuantos secuaces edifican el reino de las tinieblas “su máscara, para que sean conocidos tales cuales son”, porque “para evitar los engaños del enemigo, es menester antes descubrirlos, y ayuda mucho mostrar a los incautos sus argucias (…) mencionar tales iniquidades" (Pío XI, 1930:17,2), y queden a la luz “las malas artes de semejantes sociedades para halagar y atraer, la perversidad de sus opiniones y lo criminal de sus hechos” (León XIII:1884:29), pues “por el bien y salvación de las almas no podemos pasarlas en silencio” (Pío XI, 1930:17,2).

A nosotros nos toca “defender la gloria de Dios y la salvación de los prójimos: ante tales fines en el combate, no ha de faltaros ni el valor ni la fuerza” (León XIII:1884:28), pues sólo fortes in proelio fiunt. Debemos trabajar “para que todos los hombres conozcan bien y amen a la Iglesia; porque cuanto mayor fuere este conocimiento y este amor, tanto mayor [será el carisma de discernimiento que tengamos y tanto mayor] será así la repugnancia con que se mire a las sociedades secretas [y sus planes maléficos] como el empeño en rehuirlas [y destruirlas extirpándolas de la sociedad] (León XIII:1884:30,2).

Los padres deben poner especial cuidado en la educación de sus hijos, y, sentencia taxativamente Leon XIII (1884,34,2), “nunca, por más que hiciereis, creáis haber hecho bastante en el preservar a la adolescencia de aquellas escuelas y aquellos maestros, en los que pueda temerse el aliento pestilente de las sectas. Exhortad a los padres, a los directores espirituales, a los párrocos para que insistan, al enseñar la doctrina cristiana, en avisar oportunamente a sus hijos y alumnos sobre la perversidad de estas sociedades, y a que aprendan desde luego a precaverse de las fraudulentas y varias artes que sus propagadores suelen emplear para enredar a los hombres. Y aun no harían mal, los que preparan a los niños para recibir bien la primera Comunión, en persuadirles que se propongan y se comprometan a no ligarse nunca con sociedad alguna sin decirlo antes a sus padres o sin consultarlo con su confesor o con su párroco”.

Los padres deben buscar ayuda “recíproca (…) en orden a la formación y perfección, mayor cada día, del hombre interior, (…) por su mutua unión de vida crezcan (…) en la virtud (…) y en la verdadera caridad para con Dios y con el prójimo” (Pío XI, 1930:9,6); también apoyo en la Iglesia y en otras familias cristianas para su crecimiento espiritual y sana instrucción y fortalecimiento de sus hijos, pues paralelamente las fuerzas visibles y ocultas del mal “préstanse mutuo auxilio sus sectarios, todos unidos en nefando contubernio y por comunes ocultos designios, y unos a otros se animan para todo malvado atrevimiento” (Leon XIII, 1884,35,2), para “pervertir las inteligencias, corromper los corazones, ridiculizar la castidad matrimonial y enaltecer los vicios más inmundos” (Pío XI, 1930:40,1).

Es por ello que, continúa León XIII (1884,35,2): “Tan fiero asalto pide igual defensa, es a saber, que todos los buenos se unan en amplísima coalición de obras y oraciones. Les pedimos, pues, por un lado que, estrechando las filas, firmes y a una, resistan contra los ímpetus cada día más violentos de los sectarios; por otro, que levanten a Dios las manos y le supliquen con grandes gemidos, para alcanzar que florezca con nuevo vigor la religión cristiana; que goce la Iglesia de la necesaria libertad; que vuelvan a la buena senda los descarriados; y que, al fin, abran paso a la verdad los errores y los vicios a la virtud”.

Todo ello unido a la intercesión protectora de San Miguel, “el debelador de los enemigos infernales”, de San José, así como de San Pedro y San Pablo, “sembradores e invictos defensores de la fe cristiana”, y de “la perseverante oración de todos, para que el Señor acuda oportuno y benigno en auxilio del género humano” (León XIII, 1884,36) es camino de plenitud de vida en la tierra y de gloria en el cielo.

José Martín Brocos Fernández, en “El Nuevo Orden Mundial frente a la familia. Las amenazas a la familia”.